
¿Cuándo te largas, Ulises?
El canto de las sirenas es fuerte como el de una flatulencia (las princesas, como Ulises Ruiz, piensan que es más digno vociferar con el culo que, digamos, aplaudir con las manos o sonreír con la boca). Ulises naufraga en un barco herido de muerte y su Ítaca es tan lejana, una isla desierta llamada "soberbia". Ulises no puede enfrentar a su cíclope: su ansia asesina, su afán de muertos.
Ulises dejó atrás, muy atrás, la gracia homérica.
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