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Tejedor de números | martes, julio 31, 2007
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 ¿Qué es un cadáver, cómo demuestra su valía, cómo despierta de su insomnio? Los huesos bajo nuestra piel no conocen de justificación, no conocen de escalas en el viaje ni de la amorfa invocación de un reloj o de un juicio. Nuestro cuerpo no es nuestro, y los teóricos de la amalgama tenían razón: somos débiles y fallas sin destino. Nuestro cuerpo es de cualquiera, menos nuestro: de dios, del ejército, del estado, de la carpa de un circo. Fibras desnudándose en una herida, asintiendo ante la hemorragia, lucrando con las mínimas posibilidades de supervivencia de esta vida sin armadura. Vida digo y suena al mito de perséfone. Vida digo y apenas invoco la respuesta de una golondrina perdida en la tarde que miran los ojos de una vieja sin olvido. Vida digo como si dijera hartazgo, butifarra, lucha libre, mariachi. Provoco en mi voz una revuelta de palabras: me detengo a admirar la nota al pie de mi olor, de mi cuerpo. Huelo a muerto, a fundamentalismo, a esposa de carnicero. Afino el oído y escucho el arte de la caída. La cuerda floja y el paseo por sus linderos. Se derriban como piezas de un ajedrez de cintas y manos diciendo adiós. No soy dueño de ningún rincón de este cuerpo, y lo odio a muerte y a doncella. Lo odio como noche de hospital, como inyección en la ingle, como calva de obispo. Frío y la piel hirviendo. Una cita en un libro que escribe la muerte. Un fardo en la espalda de lo que justifica al mundo. Un olvido. Olvídame. Olvídame. Olvídenme como me olvidaron. Me abrigo en la indefensión como un tejedor de números. Odio cada centímetro de mí, y me otorgo a la muerte. Etiquetas: aliteraciones >> Leer Completo
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Rómpete una pierna | viernes, julio 06, 2007
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¿Cómo coño estoy haciendo para poder escribir desde un hospital público? ¿A quién le estoy robando la conexión inalámbrica? Sea quien sea, mil gracias. Una más de las cientos de personas a las que ahora tengo que agradecer*.  Romperse una pierna. Recuerdo, y quienes alguna vez hayan estado vinculados con el teatro lo recordarán conmigo, que una de las fórmulas para desear suerte a un actor o actriz a punto de salir a escena es esa. Ese deseo que yo hoy no le desearía a nadie (bueno, tal vez a más de un par de políticos mierdosos). Me explico: es de pésima suerte decirle a un actor o actriz, antes de salir a escena: "buena suerte" o "que te vaya bien". Si lo haces, el actor te va a odiar por el resto de su carrera y, los más supersticiosos, podrían llegar a suspender la función. Así de grave. Las leyendas refieren grandes fracasos en los montajes, asesinatos, muertes subrepticias, incendios, accidentes, olvidos de parlamentos y hasta una inundación (la del Royal Opera House en Covent Garden, Londres) para justificar esta superstición. Así que el gremio teatral se volvió infinitamente descortés, por cortesía. De hecho, uno de los más populares conceptos adolescentes en inglés " cruel to be kind", soy cruel por cortesía, es un concepto ligado al teatro desde hace varios siglos. Para no tener que desearte suerte, pero para dejarte saber que te desean lo mejor, los actores desarrollaron un código de frases que, al oído poco avesado, le podrían parecer hasta infames: "ojalá te mueras", "muérete", "que te olvides todo", "que se te caigan las diablas (las diablas son las luces rojas que penden sobre la escena)", "enrédate en las piernas (las piernas son juegos de telas que sirven para crear planos en la escena)" y el más popular de todos: rómpete una pierna. Bueno, creo que a partir de hoy (y a esta decisión apuntaba toda la disquisición chacharera que acabo de hacer), nunca volveré a desearle a nadie que se rompa una pierna. No por una generosidad basada en la experiencia sino, simplemente, porque es la experiencia más inútil, dolorosa y aburrida que uno puede tener. No da ni para masturbarse, al menos no en los primeros días. Ya informaré. Como decía, yo sólo se lo desearía a un par de políticos. Esa clase de persona se lo merecería sin duda. * Gracias, gracias: Solchi, Vero, Pasto, Señora que me recogió, Nash, compas de la ambulancia de protección civil, compas del hospital general de Amecameca, Aleida, Laura, Clemencia, Claudi, Juergen, madre, padre, hermana y hermano, David, Miguel (aún sin tu sangre, carnal, la intención es lo que cuenta), Chofis, a los chavos de urgencias del Rubén Leñero, a los chicos que gritaban por las curaciones en esa noche demencial en urgencias (ojalá ya estén mejor), a la banda de la Oficina de AMARC México,a la banda de la Voladora, a todos los que han llamado y mandado mensajes (ya no lo intenten, porque anoche me robaron mi celular... sí, en el hospital), gracias a mi hija, Eva, que mandó una cartita de su puño y letra... si olvido a alguien, es que esto aún no acaba, ni remotamente.
Joder, soy un fardo. Lamento provocar tantas molestias, pero aprecio en todo el hecho de tener a mi alrededor a tanta gente que me quiere. De veras. Y esto sólo se puede decir en inglés: It's the must humbling experience I ever had. De veras, no hay equivalente en español, que yo sepa.Etiquetas: aliteraciones, teatro >> Leer Completo
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Ítaca y una fractura | jueves, julio 05, 2007
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Escribo esto desde el hospital Rubén Leñero, cama 16 del 3er piso, servicios de... mmmh. Olvidé el nombre. Ya. Ortopedia: sustantivo. Área de la medicina que se ocupa de los problemas del Orto. El martes pasado rompí mi pierna en un accidente la mar de absurdo. Mi bicicleta, bautizada por la banda como "la sombra-luz" (por la famosa motocicleta del SubComandante Marcos), tuvo la brillante idea de derraparse conmigo arriba. Vi cómo se acercaba el piso de una forma inusualmente rápida, mi cara se estampó contra el piso, mi brazo izquierdo... y debajo de todo esto, mi pierna izquierda. Al principio, sólo tuve la extraña certeza de que algo no estaba bien. Una mujer muy amable acudió en mi auxilio; su primera declaración fue: - No se mueva, joven, porque sonó muy feo. Me encantó que fuera el sonido lo que definiera la preocupación de mi benefactora. Hospital local, mucho dolor, preguntas absurdas todo el tiempo (nunca dije tantas veces mi nombre a tantos desconocidos en tan poco tiempo), sala de urgencias del Rubén Leñero, la definición misma de lo sórdido a mi alrededor. Todos muy amables, pero con esa frugal indiferencia por la miseria humana que, me imagino, debe ser una característica sine qua non si uno quiere vivir de eso. Y bueno, ahora aquí, en una cama, la 16 del 3er piso, Ortopedia. Fractura de Meseta Tibial tipo IV de Shalkter. Qué mierda significa eso, sólo los doctores lo saben. Lo que sé con certeza es que van a operarme. Tornillos, placas, dinero. No es buena idea, nunca, caerse y romperse un hueso. Es como huir de Ítaca, escuchando el canto de las sirenas, y saber que a la vuelta de la esquina te espera el naufragio. Etiquetas: narrativa, personalia >> Leer Completo
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