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   Estancia en el mundo | martes, febrero 27, 2007
No asisto en modo alguno a los
rituales del sol poniente.
Descarto mecanismos que
me obliguen a intuir el paso
del tiempo sin quebranto.

Al derrotar a dios en su sonrisa
caminé en círculos sobre
la tragedia de mi triunfo
y no objeté ni ofrecí argumentos
para postergar o partir al vuelo.

Quebranto en mí la imaginería
de toda eternidad posible:
camino cual un cristo idiota en
el agua indeleble que me bautiza
en cada naufragio.

Cierto día y cada día que pasa
construí a la sombra fría
de la muerte el espinazo
la columna central de mi amorío
con el diablo.

Amor sin cimientos y sin ruinas
se erige como el campanario
imposible en medio de un mar
de lava, del mar de sangre
del resto de los días.

No hay huella posible de mi paso
Ningún camino lleva a mí
Descargo al mundo de la culpa
de no encontrar el rastro
de mi estancia en el mundo.

Soy el que vuelve sobre sus pasos
sin encontrar paso alguno
no horado ningún tiempo
ninguna época me recuerda
ni como hijo ni como estigma.

Nunca he sido lo que aquí vive.
Más bien han sido yo los que
en el resto de la vida viven
y me viven y mueren indiferentes
a mi fría descortesía.

De frente ante mi estancia en el mundo
digo que no odio lo que soy
odio ser, en todo caso, este
vacío

que no es ni la broma ni la muerte.

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   | jueves, febrero 22, 2007
Y la escena absurda se hizo realidad.

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   Joe's Ñeros Band - Videos - 9 de septiembre 2006 | martes, febrero 20, 2007
Para solaz y esparcimiento de las niñas de secundaria más perversas —las otras, las menos perversas, no podrían ni remotamente estar interesadas— les ofrecemos a continuación una selección ultra refinada de momentos de la tocada de la Joe's Ñeros Band en cierto antro de cuyo nombre no puedo acordarme —tanto da, lo que cuenta es la infamia invocada. Los antros tienen esa cualidad de tener nombres impronunciables para asustar abuelas. Estos vídeos, pues, son cortesía de la banda y a ella le pertenecen. La tocada tuvo verificativo (lenguaje policiaco que celebra la ocasión) el 9 de septiembre del 2006.

Para ver los vídeos, haz click en >>Leer Completo.

Los videos están en formato youtube, pero espero que pronto podamos ponerles alguna versión descargable.

Goo Goo Muck


Surfin' Bird


I fought the Law


Something Else


Pan con Mermelada


Louie Louie


Come on everybody.


La Chica Alborotada


Summertime Blues

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   El infinito mundo | domingo, febrero 18, 2007
La entrada a nunca jamás
Desde la nieve/caemos al infinito mundo/que te va a divertir.
Eva Meztli, improvisando una canción.

Y nadie. Nada. Todo se hace obvio, como cuando uno omite una palabra porque da por sentado que todo el mundo entiende exactamente lo que uno iba a decir. O como cuando uno no dice algo a los ojos porque hay tiempo, porque hay tiempo para decirlo o para omitirlo, da lo mismo. Y nadie. Nada. Avanzando en el perfil, la definición de la ausencia.

Dice mi hija que caemos al infinito mundo. Y yo —que apenas ayer llegué a la conclusión de que el mundo tiene fin, que es plano y tiene orillas, que el mundo no se atiene a la definición rusa: "el amor verdadero se parece a un anillo, porque un anillo no tiene fin"— me digo que aceptaría cualquier definición del mundo que fuera mínimamente verificable en los hechos. El mundo tiene fin, hija, me digo. Pero ella avanza en su afán de definiciones y me advierte que, como siempre, me equivoco.

Hace tiempo que miro cómo los amantes se tocan. Cómo se sonrojan ante apenas la insinuación del beso, de la caricia, del vacío. Escucho sus voces susurradas diciéndose: "Amo tu olor". Y luego escucho cómo la réplica es un estático "yo también" que se repite y se repite, se invoca. Ese amor que hace llorar, que hace que el frío sea tan ardiente como el calor, que hace que los ojos se enciendan como los de un loco, una loca; ese amor que evita cualquier entendimiento, que ataca todo canon posible. Hace tiempo que miro desde este frío cómo se calientan. Cómo se atreven y se aventuran. Sus cuerpos aprendiendo a vivir trémulos en la ausencia, febriles en el frente a frente, asustados cuando se miran a los ojos y piensan que lo han visto todo, sin haber visto nada. Los escucho retraerse cuando dicen te amo, como apenados, como muertos comunicándose a través de la espesura del sepulcro, como dedos ateridos de frío que se comunicaran la buena nueva del estío. Como apenados, como asustados, como no creyéndolo, como aliviados, como sintiéndose afortunados, como cuando se miran a los ojos desde sus distancias y luego desvían la mirada por temor a desangrarse.

Ella dice: "somos el centro de muchas miradas".

Él dice: "soñaba con caminar así contigo".

Y nadie los mira y no caminan hacia ningún lado y, sin embargo, se adelantan en el tiempo, en una plaza principal cuya importancia apenas encierra una especie de conjura demencial: perros y bandas de guerra y viejos danzando y mujeres que se acercan cada cinco minutos para ofrecer la venta de algo.

Ella dice: "yo le compraría una broma".

Él dice: "supongo que yo también...", pero se calla abruptamente. Y al callarse, viene a su memoria el hecho incontrovertible de que ella achica los ojos en cada fotografía. Por qué, no lo sabe. Como tampoco sabe porqué piensa en eso justo ahora.

La plaza se reduce a cada metro que avanzan. Parece acabarse pero ellos dan vueltas extraviados, con el pretexto de buscar un restaurante argentino. Y la plaza comienza a agotarse, pero también a no tener fin. La plaza comienza a llamarse "nunca jamás". Cada paso es un avance del vacío, pero también es el avance de lo pleno. No hay curiosidad invicta en esta maniobra: cada cabello de ella es un avance del otoño, cada mirada de él derrite una palabra que significa invierno. Cada color en ellos es el final de una novela: el verde de los ojos de ella, el fuego de los tatuajes de él. Cada cosa que tocan se vuelve fría ante la certeza de que se aman: cada uno piensa que esto es un error. Un error en las cuentas de la muerte. Un pueblo sepultado por la lava. Un barco hundido en una calma chicha. Invitados del diablo, se piensan a salvo. Pero no.

Porque ella viaja hacia él. Y él, después de todo, la está esperando. Y eso es lo más vulnerable que he visto en mi vida.

PS: Me imagino una escena absurda: ella viaja hacia él. Él decide perseguirla. Ella nunca llega a él. Él nunca llega a ella. Demostrándole al mundo que "y sin embargo, se mueve".

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   Intacto | jueves, febrero 15, 2007
Deseado todo, acabar con nada (nadie puede tener nada: la noción de nada, ya es algo). Iniciada la revuelta, perderla (nadie puede perder todo, ni una revuelta, ni una guerra, ni la referencia de que la historia no pasa sin quedarse, no termina sin empezar de nuevo). La lejanía de dios como un pretexto para ser un fracaso de dios. Derribado en tu cama (derribado en la cama de nunca, en la cama de no te vayas, en la cama donde termina el mundo, plano como es), la marea de mis manos termina en tormenta, en péndulo, en signo de interrogación. No me eludo, no me destaco en este arte de argumentar la vida para evitar la muerte. Soy una sombra destinada a quedar impresa por el horror de mí mismo. Una sombra sin dueño, sin cuerpo que cuestione al sol.

Nada en mí se avoca a este destino: ayer me preguntaba si con mi próximo salario se pueden afrontar los gastos de un funeral. Uno tiene que pensar en esas cosas. Uno tiene que pensar si su cuerpo frente a la luz puede considerarse un eclipse. O considerar las consecuencias de que el futuro sea la persecución de un crepúsculo. O pensar en que ninguna idea de dios podría considerarse viable en un mundo de autopistas y almas férreas (alma: gracia que se inflige a los escritores de tiras cómicas). La historia entera recula ante la sonrisa de una mujer: nadie sobrevive a un sobresalto y, mucho menos, a la indiferencia del sobresalto. ¿Cómo decir que da lo mismo un sábado por la noche que la sonrisa de un niño?

Asumo que, como cada sombra, muero al morir el sol. Asumo que la historia del mundo no es la historia de un mundo que me incluya. Que no soy alguien y no soy la totalidad del mundo de nadie. Asumo la cortedad de este cuerpo de brazos mutilados, la asunción de la virgen maría, la eternidad de la calle donde se ponen las putas. Asumo que tiene razón quien dice que no soy necesario. Asumo que tengo que entender el momento. Lejos de todo, afirmativo en todo caso, me permito pensar en un oficio futuro: carpintero (no, demasiado doloroso. Demasiado ligado. Demasiado referencial). Tal vez ayudante de carpintero. Me permito pensar en oficios como el de la salamandra. En el oficio del invierno. En el desmoronamiento oficioso de un oficinista.

Quedar intacto en un muro. Como la memoria de una escalera. Como su sombra. Como el fuego de una escopeta en la boca. Como las sombras de Hiroshima. Como la escalera de un abuelo.

Como el infierno. Intacto.

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   Radio-Diablo 20 - Pa' que veas lo que se siente | sábado, febrero 10, 2007
Está medio lista (y medio tonta) la versión número 20 del Radio-Diablo. La dama rosada (finalmente y con errores), Richard Eberhardt, Sylvia Plath, una disquisición en torno al error, otra sobre la ternura criminal de Aznar, Patti Smith y cohetes para la fiesta (de nada).

Puedes descargarla haciendo click aquí. O también puedes escucharla en línea en el podcast de La Voladora Radio.

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   Los mares de gente | jueves, febrero 08, 2007
Sangre 01

Si fuiste su amigo, deja que ellos lo sepan. No podemos soportar quedarnos más aquí. No es el fin, así que por favor no lo veas así; tienes que pretender que no quieres que nos vayamos. Vende todas tus cosas, no vamos a necesitarlas. Cualquier cosa que lleváramos, sólo aumentaría nuestro peso.
Dirty On Purpose | Light Pollution


La ternura se define en sangre. La pasión, en todo lo que se puede transgredir. El amor es una sábana llena de sangre, una definición de los cuerpos que no están, una definición de lo que se cae, que no somos nosotros, sino el resto del mundo. Amar lo que tocas, pero amar a muerte lo que no puedes tocar. Amar lo que conoces, pero amar a muerte lo que pudiste conocer. Amar la referencia, pero amar a muerte el no tener referente alguno. Asumir que la ausencia es, precisamente, lo que llamas la muerte cuando no la llamas, lo que llamas la sangre cuando no la llamas, lo que constituye la más indigna de las salidas: la mancha en las sábanas que asumen su pureza mientras la sangre se esparce en ellas. Nadie ama como aman los muertos. Nadie ama con esas lágrimas, con esas ausencias, con ese eco de la historia. Nadie ama con ese frío, con esa sencillez, con ese filo de cuchillo en el cuello. Nadie ama como la luna a una montaña, como el sol a un mediterráneo. Si pudiera definirse una mancha en una sábana, su definición sería: date un tiro en la sien, y ama en definitiva. Ama como aprendiste a amar hace años, como sabes que se hace, como sabes que puede significar algo (hoy, que tan de moda está decir que no creemos en el amor, hoy que es tan posmo decir que no significa nada*). Si pudiera definirse la muerte inútil, la muerte rastrera, la muerte militar, la muerte de lado, la muerte de cajón, la muerte estúpida, la muerte de coraza y vuelo comercial, la muerte en un partido de fútbol, su definición sería: morir por Dios, sin creer en él.

* ¿Y qué podría significar? ¿Esta sensación de vacío y de muerte, de negación del mundo, de abandono de todo, de ansia suicida, de silencio? ¿Este no tener brazos, este tener que terminar todo porque todo terminó hace días, o hace años? ¿Este llegar tarde a la guerra que uno debe comandar? ¿Este morir a destiempo y de frío? ¿Este vivir en reversa, este mirar pasar el metro con alas en los pies, este aburrirse de todo, este odiar profundamente la ausencia que soy, este salar la comida para no tener que aceptar que nunca volverá a saber a nada, este calibrar fechas para llegar a la conclusión de que el mejor día para morir es siempre hoy?

Me arrojo a los mares de gente con la mirada clavada en el piso. Tantas personas y yo tan solo. Tantas razones para odiar y yo tan dócil. Tanta muerte y nosotros muriéndonos. Tengo en los ojos la mirada calma del asesino; la certeza de mi criminal inocencia. Guío mis pasos por la determinación de mi tristeza y con la certeza de que cada gota de mi sangre será necesariamente inútil. Frugalmente escasa. Odiosamente amada. Vendida en envases de tristeza para todos los que necesiten llorarme*. Anónimas, cada una de esas gotas, en esta corriente de muerte de los cientos de miles, andarán sobre su relato de muerte y permanecerán intactas y anónimas. Anónimas, aunque tengan nuestro nombre. Anónimas, aunque se impacten en el piso de la historia. La historia de nadie, la historia de Nada. Anónimas en su carencia de nombre, de estigma, de coartada. Vibrando en este oleaje de alguienes, distinguiéndose sólo por su estirpe de Nada.

* ¿Por qué llorarme? ¿Porque fui tu padre, tu hijo, tu espíritu santo? ¿Porque allané un pedazo de tu vida con la poca resolución de mis palabras, con la destreza infame de mi cuerpo, con la carencia de sonidos de mi alma? ¿Porque fui tu amante, tu compañero, tu saltimbanqui? ¿Porque alguna vez te salió de los labios el sinsentido de que me conoces, de que me refieres, de que me miras en tu mente como a un recuerdo de libro escolar? ¿Porque plagiaste el derecho a pensarme en tu vida, o a omitirme de tu vida? ¿Porque derrotaste en mí el vacío en los ojos, por un segundo, sólo para devolvérmelo perfeccionado y contrahecho y brillante como un astrolabio?

No necesito guías para navegar. No necesito mirar las estrellas para saber que estoy perdido. Hundido en estos mares, mirando el piso, sólo pienso en el naufragio. En la boca rota, en la sábana llena de sangre, en ser el muerto que soy. En la ternura absoluta y definitiva. En amar como se debe: sin deberes, sin deudas, sin la atadura de existir.

Naufragar en los mares de gente, como un barco de guerras que se pierden.

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   Radio-Diablo 19 - Y el diablo se conmueve | Adiós Vacilante | Silencio | viernes, febrero 02, 2007
Radio-Diablo 19

Está disponible la versión número 19 del Radio-Diablo. Nada. Bob Neuwirth, como una piedra rodante. Arseni Tarkovski y otras cosas que le conté a la muerte. Chávez contra el little gentleman y otras razones para la risa angustiada.

Puedes descargarla haciendo click aquí, o escucharla en línea en el podcast de la voladora radio.

Farewell Reel | Adiós Vacilante
Patti Smith | Traducción de Daniel Iván

Han sido tiempos duros
y cuando llueve
llueve sobre mí
el cielo se abre, simplemente,
y cuando llueve
se derrama

Camino en soledad
me sorprenden, parece,
estas lágrimas del cielo
y, amor, no puedo evitar
pensar que esas lágrimas son tuyas

Nuestro amor salvaje vino de arriba
y permanece salvaje
es el viento que aulla
como una voz que sabe que se acabó
porque, amor, moriste
y, claro, lloré,
pero voy a continuar
voy a saludar nuestro amor
y a mandarte una sonrisa
y a continuar

Así que adiós, amor
todo va a estar bien
y entonces todo va a estar bien
los niños van a crecer
fuertes y felices, te lo aseguro,
porque tu amor nos rodea
y el trigo sigue creciendo
y sólo Dios sabe
que seguimos dando
todo lo que nuestro corazón puede dar

Pero no sé por qué
cuando llueve
llueve sobre mí
el cielo se abre, simplemente,
y cuando llueve
se derrama

Pero cuando miro hacia arriba
aparece el arcoiris
como una sonrisa del cielo
y, amor, no puedo evitar
pensar que esa sonrisa
es tuya.
Silencio

Silencio. Como en una sinfonía de mudos. Silencio. Como el de los hombres buenos que trabajan en una fábrica de placebos; en un museo de aquelarres y sacrificios. Silencio. Como el de la carretera subrepticia que te lleva a ninguna parte. Silencio. Como el del preso inocente y el del asesino confeso. Silencio. Como el de un vampiro que desata nudos, como el de un cirujano inexperto, como el del cadáver de un bailarín. Silencio. Como el del parto de cien cocodrilos. Silencio. Como el de la guerra, calibrada para enviar sangre a cada rincón de la rosa de los vientos. Silencio. Como el de una radio encendida, como el de una muerte en los ojos, como el de una navidad en familia. Silencio. Como el de la salida del metro al medio día, como el de las niñas de secundaria que se hunden en el sol, como el de la vida desatada en una fila de ataúdes. Silencio. Como el de cien burócratas tecleando actas de defunción luego de un maremoto. Silencio. Como el de un suicida primerizo. Silencio. Como el de cien aviones en barrena, como el del cascarón de un mamífero. Silencio. Como el de las abuelas cuando caen muertas reclamando su premio en la lotería, como el de un niño de nueve años que piensa por primera vez que odia a su padre, como el de un hombre de cuarenta que descubre que nunca lo odió, que nunca importó, que nunca. Silencio. Como el de un imbécil que reconoce sus virtudes. Silencio. Como el de la risa a gritos o como el del llanto a gritos. Silencio. Como el del discurso de los políticos, el del arrebato de un suicida, el de la casa de un carpintero. Silencio. Como el de un lecho abandonado, el de un tendedero vacío, el de una cabaña en medio de una tormenta. Silencio. Como el de un concierto de punk rock. Silencio. Como el de dios, ese depravado indiferente. Silencio. Como el de una mano recorriendo una espalda que no es la suya. Silencio. Como el de una niña asustada en medio de un incendio. Silencio. Como el de la avenida Corrientes un día de función. Silencio. Como el de un pianista decapitado, como el de un policía de crucero, como el de cristo cuando decidió perdonar pecados. Silencio. Como el de una adolescente que se masturba pensando en su hermana. Silencio. Como el de una autopsia y como el de una biografía. Silencio. Como el de un relámpago, como el de un coro monumental, como el de un ejército en retirada, como el de una casa rodante. Silencio. Como el de un perro cuando mea, como el de una madre cuando reza, como el de un ladrón cuando saca el cuchillo. Silencio. Como el del peso de una mochila. Silencio. Como el de mi hija cuando abre los ojos y me miente. Silencio. Como el de una ambulancia, como el de una demolición, como el de una revuelta y como el de una comuna. Silencio. Como el de una calibre .22 contra la sien, como el de un auto fórmula uno, como el de un desfiladero. Silencio. Como el de los hombres buenos que trabajan en la policía secreta, en los mataderos, en las fábricas de ladrillos, en la conjunción de la historia y el horror. Silencio. Como el de los estudiantes amotinados. Silencio. Como el de los sacerdotes amotinados. Silencio. Como el de los amantes amotinados. Silencio. Como el de las putas amotinadas. Silencio. Como el de las estrellas de cine amotinadas. Silencio. Como el de las divagaciones amotinadas. Silencio. Como el de una suerte de belleza que se amotina.

Silencio. Como el de la muerte. Silencio. Como el que se guarda.

Silencio. Como el que guardo.

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